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La Española es el nombre que Colón puso a una isla que los nativos llamaban Haití o Quisquella. El navegante español construyó en ella el primer asentamiento europeo en América, el fuerte Navidad.
Cinco siglos después, apenas quedan unos pocas piedras de ese enclave, y La Española ya no está dividida, como entonces, en cinco cacicazgos, sino compartida por dos países: la República Dominicana y Haití.
Más que dos Estados, dos naciones, Dominicana y Haití se antojan dos mundos diferentes. Un visitante cualquiera los puede percibir de inmediato, prácticamente con solo cruzar la frontera. Mientras Dominica exhibe el rostro de un país pujante, Haití parece un pedazo del áfrica más pobre en el Caribe.
Las cifras macroeconómicas constatan, sin piedad, estas diferencias. Veamos sólo dos datos. Dominicana tiene una renta per capita de 10.350 dólares frente a los 1.153 de sus vecinos. Haití ocupa el puesto 158° en el índice de Desarrollo Humano, mientras que al otro lado se sitúan en el número 98°.
Inevitablemente, este contraste, que podría calificarse de brutal, ha marcado las relaciones entre los dos Estados, y también de manera inevitable esos dos mundos de los que hablábamos han tenido a mezclarse.
La emigración de haitianos a la República Dominica ha sido constante y masiva. Pero no hay cifras oficiales. De hecho, el único dato que maneja el Gobierno dominicano es que 11.000 haitianos tienen residencia legal en la República. Un número irrisorio porque los estudios apuntan una horquilla de inmigrantes que va desde los 600.000 a los 2.000.000. El Gobierno de Haití anunció en enero que iba a hacer un censo de esta población desplazada. |
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Sea cual sea el número, el problema radica en las condiciones en las que los haitianos viven en Dominicana, que no suelen ser precisamente las mejores, cuando no son directamente pésimas, bordeando la explotación y asentados en la pobreza. Explotación laboral, discriminación, mendicidad, prostitución, delincuencia...son algunos de los problemas de esta población de 'sin papeles'.
Los bateyes son el ejemplo más notorio de esta presencia y de las condiciones de vida de los haitianos en Dominicana. Los bateyes son asentamientos en los que malvivían los trabajadores contratados para cosechar la caña de azúcar. Con el paso de tiempo, se convirtieron en poblaciones estables, auténticas bolsas de haitianos, 'encerrados' en territorio dominicano. En ellos viven en la actualidad muchos descendientes de haitianos, ya nacidos en el país al que fueron sus padres o abuelos a trabajar.
Aunque la situación ha mejorado mucho en los últimos años, los bateyes siguen siendo un foco de marginación y de una existencia cotidiana extremadamente difícil.

Ésta es la realidad que queremos mostrar HaitíDom, una web nacida dentro del proyecto Stop Cólera que, financiado, por la Junta de Castilla y León (España), la ONG Cives Mundi desarrolla en Haití.
El cuerpo central de la página lo forma un bloque de noticias, que se actualiza en el mismo momento en el que la información es publicada en su origen. Estas noticias ofrecen un completo panorama de todo lo que acontece relacionado con los haitianos que viven en Dominicana.
Además, en otras secciones, el navegante puede hacerse una idea cabal de la historia, no siempre fácil, de las relaciones entre los dos países mediante una serie de útiles enlaces para conocer esa realidad.
Foros abiertos a la participación de todo el que tenga algo que aportar sobre este asunto, y la presencia en redes sociales completan HaitiDom, una web con vocación de hacer un poco mejor la vida en esta parte del mundo. |
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